¿Quién hace la historia? ¿Y la de Canarias?

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
En el camino de la historia

La historia la hace en la contienda de la vida el que vence. La historia de los vencidos está a la espera de su publicación".LOS PUEBLOS nacen, se desarrollan, llegan o no a su más alta cota de convivencia y también se mueren, desapareciendo quedando sólo su recuerdo si es que alguien, algún narrador de aventuras, de él se acuerda.A lo largo y ancho de la historia de los pueblos que han transitado por el planeta desde los romanos, los fenicios o los sioux de las Montañas Rocosas, por citar a algunos como ejemplo, se han desplazado hacia su inexistencia mientras que otros se han reafirmado, eso sí a través de oleadas aculturizantes que en definitiva lo que han propiciado es desdibujarlos, desmemorizándolos de su esencia y si se quiere hasta de su carga genética.El pueblo canario desde que se ha tenido noticias de su existencia bien es verdad que en nada tiene que ver con el de ahora. El cruce de convivencia entre los que llegaron de afuera y los que aquí estaban originó un espécimen que fue parido por ese maridaje y que se alejó un tanto del pueblo primigenio de antes de la conquista castellana.Quedaron los que quedaron y se sabe que hay muchos que continúan con su pureza biológica, pero ajenos a reivindicaciones y ausentes de batallas de altos vuelos porque el conformismo es lo que hay, y ni siquiera piensan en empresas mayores que no sea la de su propia subsistencia.Pero la batalla y el propósito no es ni debe ser mirar hacia atrás con más insistencia que hacia adelante, aunque el pasado impulse al presente. Si entendemos por pueblo la conciencia colectiva estimulante para conducirse hacia un objetivo decisivo que es o debe ser conseguir el bienestar de los que habitan un territorio concreto, podemos decir que el pueblo nuestro, el canario, se debate e intenta desenroscarse de un pasado que no logra entender, porque se le ha ocultado desde la influencia aculturizante de los que vencieron en un momento de su historia que han logrado que el confusionismo, las palabras tapujeadas tomen presencia en el estímulo de muchos, trastocando objetivos, propuestas y, si se quiere, hasta apetencias políticas.La historia la hacen los pueblos y la escriben los hombres. Los hombres pues son los que inventan, rememoran, aciertan o desvirtúan la misma.Es hora quizás de reiniciar la historia de una realidad llamada Canarias y que en estos momentos, como en otros, se pone en cuestión tanto sus orígenes y, lo que es peor, su devenir, porque sus narradores están instalados e influenciados por la mentira, por muchos intereses creados e indeseados y, sobre todo, en el intento de planificar la tergiversación hasta de las palabras para elaborar un argumento en favor de la deconstrucción de Canarias como pueblo, como nación. Lo que hay que evitar de todas todas al menos los que transitamos por la senda del nacionalismo.