Errores que se pagan

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
En el camino de la historia

LAS PERSONAS se engañan, se disponen a grandes empresas o simplemente a vivir, que no deja de ser también una gran empresa. Y, sobre todo, piensan. A través del pensamiento que encierra todo aquello que pretenden poner en práctica, a pesar de que ha sido sometido a una profunda reflexión, poniendo a trabajar un sinfín de neuronas, se comete el error. Aparecen la frustración y el desencanto. Y lo peor es que hay errores que tienen un alto coste no sólo personal, sino colectivo.¿Ha sido un error tal vez la invasión norteamericana en Irak? Los acontecimientos que han girado sobre esta cuestión apuntan que sí. Y si ha sido así, se hace muy difícil entender la insinuación que está a la búsqueda del pretexto necesario, por lo que se nos intenta transmitir que la próxima invasión, como imperio que son los EEUU, a pesar de Obama, será la que se descargue sobre Irán. Si se cometió el error, desencadenando un sinfín de muertes y destrucción, ¿por qué seguir en el empecinamiento y en el encuentro de un nuevo error que será aún más dañino que el anterior?Se ha cometido un error por parte del gobierno español en eludir y dar la espalda a la evidencia de una crisis galopante que situará al gobierno entre las cuerdas, porque no va a dar ni satisfacción ni respuesta adecuada a una situación ya traducida en agobio y pesadumbre para los que sufren, y son millones, en propia carne, los desaguisados y sus desajustes hasta vitales. Y no es la globalización, como se dice, el mejor de los pretextos para eludir responsabilidades, puesto que la culpa concierne al localismo español, que ha sido incapaz de hacer la tarea y no saber adelantarse a los acontecimientos, y que estos le hayan cogido con el paso cambiado. Y si se ha cometido un error y se continúa con el discurso de que, aunque se esté en recesión, ésta es manejable; y si se persiste en el descalabro, éste es permisivo, estamos ante un alegato inconsecuente y vacío, dado que la irresponsabilidad de no saber a qué atenerse y estar en manos de no se sabe qué fuerzas ocultas, que no llegan a uno y sí a los que tienen el hilo de los manejos de los grandes secretos gubernamentales.El error, el más garrafal, el que desestabiliza y desmotiva, es que a una comunidad, que los nacionalistas nos empeñamos en llamar nación, como la canaria, que necesita además con carácter de urgencia diseñar el camino adecuado, marcar su ruta, deslindar las competencias y asumir las decisivas, aquellas que le den cuerpo de Estado, se le da un portazo, y a otras comunidades, regiones o naciones, como se quiera, se les da una palmadita en la espalda, se les ríen las gracias y se les deja caer el mensaje de que no se preocupen, que sus exigencias y pretensiones serán complacidas.Ese error tendrá un alto coste no sólo por la arbitrariedad de un gobierno, sino por los desajustes que esa manera de hacer las cosas ocasionará dentro de una colectividad que observa cómo unos son los protegidos, a los que se le trata de una manera diferente, y otros se encuentran con desventaja y muy por debajo de sus exigencias históricas y geográficas, que son las que marcan y definen.