“UNIFIQUEMOS”. Artículo del Presidente Nacional del PNC, Juan Manuel García Ramos.

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Juan Manuel García Ramos
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No fue más fácil en la primavera de 1993, cuando nació Coalición Canaria en su versión amplia, a pesar de que esa unificación contó con la inmediatez de la aritmética parlamentaria de entonces que conllevaba poder real, gobierno de las instituciones como premio a los esfuerzos ideológicos respectivos. Todos cedían.

No será fácil ahora, ni en los próximos años, pero el deber del nacionalismo canario no rupturista con el Estado español o la Unión Europea es intentarlo sin descanso, y, si es preciso, apartando a algunos fulanismos enmascarados de liderazgos intocables.

Felipe González se dio cuenta en 1993 de lo que se le venía encima a los partidos centralistas españoles con delegación en Canarias y lo dijo con una frase inequívoca que más que prepotencia contiene temor: «No hablar con los canarios», es decir, no hablar con el nacionalismo canario emergente. El ex líder socialista le supo ver las orejas al lobo, Canarias despertaba y lo hacía con una potencialidad que ha sido imparable hasta hoy, se hayan hecho las cosas como se hayan hecho, dejemos las valoraciones aparte, pero ese nacionalismo que asustaba a Felipe González en 1993 lleva en el poder desde ese mismo año. Una vez más el dirigente socialista demostraba su olfato político, las cosas como son.

R. Acosta, en una información que firma en La Provincia, el 14 de julio, otorga a la refundación del Partido Nacionalista Canario en mayo-junio de 1982, en Bajamar, la génesis de ese nacionalismo temido por Felipe González que, sin renunciar a ciertas cotas soberanistas, concebía a Canarias desde planteamientos más asimilables para un pueblo aún poblado de las nubes de la colonialidad.

Los que repensaban ese nacionalismo no eran aventureros ni idealistas irresponsables. Ahí estaban los más preparados ideológicamente: Bernardo Cabrera Ramírez y Antonio Pérez Voituriez, dos profesores solventes de la Facultad de Derecho lagunera de entonces que ponían las bases de lo que debía ser un nacionalismo canario vinculado a la realidad del momento: «El pueblo canario, por sus peculiaridades geográficas, históricas, sociológicas, económicas y culturales, y por su relevante situación internacional, constituye política, cultural, étnica y sociológicamente una nación, y por tanto el Archipiélago Canario debe constituir una Comunidad Archipielágica que goce del máximo autogobierno político y sea dotada, con los más amplios poderes, de un marco jurídico-político-administrativo nuevo en el Estado y en la Comunidad Internacional, y terminar con el colonialismo que supone el centralismo político y administrativo y las dependencias económicas y culturales que dominan la realidad de Canarias».

Sobre el pensamiento debatido, aprobado y publicado tras ese Congreso Constituyente del PNC de 1982 se construyó todo el nacionalismo no rupturista posterior, llámese AIC, llámese Coalición Canaria amplia, es decir, CC con todas las organizaciones que la integraron en su momento, algunas procedentes de familias marxistas y obreras. No hay más cera ideológica que la que arde, y, fuera de las tesis descolonizadoras de Antonio Cubillo, no hay más nacionalismo canario que los mencionados.

Como dijimos, no fue más fácil unir en la primavera de 1993 a las organizaciones políticas que giraban, con sus diferencias evidentes, en la órbita de un nacionalismo no rupturista con el Estado español, que lo puede ser ahora, si los restos de aquel proyecto se ponen a trabajar en esa dirección.

Ante los afanes confederales de vascos y catalanes, que siempre se olvidan de hablar de los canarios a la hora de redefinir la territorialidad del Estado, nuestro pueblo no puede permitirse un futuro encaje constitucional como nacionalidad subalterna. La próxima y deseable aprobación de nuestro reformado Estatuto de Autonomía es una nueva oportunidad para que las fuerzas nacionalistas aúnen esfuerzos y potencien su presencia en las instituciones canarias, en las estatales y en las europeas. Ese nuevo Estatuto permite un diálogo bilateral con el Estado español, un diálogo de tú a tú que, con toda seguridad, será más serio y constructivo si en esa conversación figura una fuerza nacionalista canaria con respaldo social, con todos aquellos votos que facilitaron los treinta y un diputados de la citada primavera de 1993. Esta es la mirada larga y generosa que hay que hacer de la política canaria desde la militancia nacionalista. Si no se hace ahora lo vamos a lamentar.