Una asimetría para Cataluña

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos

ESTABA cantado que la necesaria participación de los socialistas catalanes y de los independentistas de Esquerra Republicana ante la buena expectativa económica que se barruntaba para Cataluña, iba a funcionar como flotador del gobierno de Rodríguez Zapatero a la hora de contar con los suficientes apoyos, no sólo en el espacio de futuras confrontaciones electorales sino en el Congreso de los diputados donde la presencia del PSOE está en minoría. De esa manera, con las prebendas económicas que le han tocado a Cataluña en el nuevo modelo de financiación autonómica, que están muy por encima del resto de los territorios del Estado y de acuerdo a los indicadores establecidos, se ha abierto el melón no de los estatutos de autonomía, que en realidad poco o casi nada difieren de los actuales dado que el poder no reside en las leyes y en las trasferencias que se otorgan por parte del Estado, sino que el verdadero poder se establece en lograr el máximo de garantías y de disponibilidad económicas para poder realizar los objetivos políticos propuestos.

Sin dinero, las posibilidades políticas en los diferentes ámbitos se retrasan o no se logran. De ahí que ante este nuevo modelo de financiación, el quinto ya, se está en el inicio de un estado no confederal sino cuasi-confederal, donde lo que predomina no es una equidad y equilibrio territorial, sino lo que se instaura es una asimetría muy poco asimétrica. Y es que lo que ha primado y ha sido determinante para este nuevo modelo es, ni más ni menos, que la fuerza de los votos. Fuerza que ha sido capaz de doblegar desde la periferia, desde Cataluña, al poder central, y desde una posición nacionalista-catalanista contundente.

Se ha cedido por parte del Gobierno central y se ha bautizado a Cataluña como una entidad política-administrtaiva desgajada y que no irá por el camino de la bilateralidad, sino por el más consecuente que es el trato de tú a tú con el Estado sin mediar ningún tipo de complejos de inferioridad, sino todo lo contrario.

 Cataluña ha avanzado por la senda del confederalismo y se sitúa en estos momentos en un punto que, a partir de ahora, es inmejorable para obtener mayores cotas de identificación nacionalista en aras de construir de manera definitiva la nación catalana.

Desde el confederalismo se podrán obtener objetivos más distantes proyectados hasta en una futura independencia, como así lo aseguran al menos los de Esquerra y CiU.

Cataluña ha construido la diferencia incrustándose en el espacio de la asimetría, y si el nuevo modelo de financiación autonómica como poder económico les ha sido más que favorable, a partir de ahí el impulso político está a la vuelta de la esquina.

 Quizás esta sea una lección y una estrategia que haya que aprender, sobre todo en la fuerza que tienen los votos traducidos en la voluntad de los pueblos; de ahí la necesidad en la búsqueda, en el intento de sumar lealtades y aglutinar entorno a sí al nacionalismo. Cuando el nacionalismo manda, cuando es mayoría, cualquier objetivo político es negociable y hasta se puede imponer, como lo ha hecho Cataluña desde esa asimetría, hoy como rampa de lanzamiento de mejores proyectos políticos.