Todos queremos a Canarias

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos

EL entusiasmo del amor por las islas es universal, los que aquí vivimos así lo ponemos de manifiesto, los que llegan de afuera y se quedan encantados del clima y del paisaje también forman parte de esa corte de enamorados de Canarias.

Si eso es así, si verdaderamente los esfuerzos que se hacen por parte de todos van encaminados a fortalecer, a poner en el mejor de los mundos a las islas, no tendría que acontecer ningún problema. Todos estaríamos en el corazón de las islas y cuando hablamos de ellas, cuando las repensamos y cuando los que tienen responsabilidades políticas arrumban sus ideas en pro de adecuar el destino a unos objetivos alcanzables, las islas también tendrían que estar encantadas de tantos novios que le han salido y de los amores que, un día desperdigados, ya, por fin se han encontrado y juntos han hecho un discurso unánime y alentador.

Si fuera así, las cantinelas políticas, los desencuentros no existirían, así como tampoco tendrían vida que unos pensaran de una forma referente al futuro de las islas y otros de diferente manera. Pero la evidencia nos dice que la cultura ancestral de las islas, seguramente influenciada por los que desde fuera llegan y que, situados en la engañifa nos han desvirtuado, nos han confundido y nos han echado a pelear a unos contra otros haciendo que nos refugiemos en las capillitas de siempre.

No hemos sido capaces de romper orillas, sino que, por el contrario, da la impresión de que se nos va la vida en fortalecerlas. Es más, el individualismo de cada cual y la originalidad, aunque sea disparatada, de unos y otros hace que funcione de centrifugadora. Como si lo que prevaleciera fuera el grito y el desparpajo aunque se digan naderías; aunque se prodiguen palabras preñadas de resabios y de vacuidades insultantes.

Todos queremos a Canarias, no hay nadie que diga lo contrario. Lo que sucede en este marasmo confusional es que se hace difícil comprender cómo es posible que tanto amor entre tantos novios de las islas no se recreen justamente en las carencias, en las debilidades, en los éxitos y los fracasos, y no para soñarlas desde la melancolía, sino para saberlas, y de esa manera, juntos, mirar hacia delante y dar satisfacción a mucha gente que pone en duda si efectivamente hay o no tanto amor por las islas.

 Todos quieren a las islas, todos se pelean por ellas, todos emiten sonidos apagados y rompen moldes y asechanzas. Todos queremos a Canarias, pero da la impresión de que muchos de los que así se posicionan hacen un flaco favor a la islas. Son ellos los que atorrollan a una gran parte de la sociedad con las mismas martingalas y soflamas, las de ayer y antes de ayer, los mismos discursos romos y gastados que desde una oposición "per se" no se cansan de elaborar y lo hacen, dicen, por el amor que profesan a Canarias.