Tinta de calamar

Autor: 
Juan Manuel García Ramos
Categorías: 
Artículos
Les interesa a los gobiernos español y marroquí mantener un contencioso fronterizo en el norte de África para distraer sus respectivas dificultades internas?
¿Cómo es que el gobierno español ha intentado quitarle importancia a lo sucedido estas semanas atrás en Melilla y tuvo que requerir tempranamente la mediación del Rey Juan Carlos para limar aristas con Mohamed VI?
¿Usa Marruecos ante España los problemas pendientes de Ceuta y Melilla para obtener el silencio español en su anexión definitiva del Sahara Occidental?
¿Qué pinta Canarias en toda esta sorda diplomacia?
Cuando todo se mueve a tu alrededor, tú no puedes quedarte quieto. Me imagino que desde el gobierno de Canarias se esté sistematizando toda esta información procedente de nuestro vecino africano, de nuestro eterno e inamovible vecino africano.
Conocidas son las bajas cifras marroquíes en lo que se refiere a su generación de riqueza absoluta y a su generación de riqueza per cápita. En los rankings mundiales de esas magnitudes por países, la España de hoy ocuparía un noveno puesto mientras que el Marruecos actual se situaría en el cincuenta y siete. Conocidas son también las numerosas subvenciones que España destina al desarrollo de Marruecos, al margen de las que recibe el país magrebí de la Unión Europea y de sus ventajosos acuerdos comerciales con Estados Unidos. Un clima de fluida cooperación económica que poco tiene que ver con unas relaciones diplomáticas cada vez más accidentadas.
Una ventaja sí presenta Marruecos, y es su desafiliación de cualquier tipo de islamismo radical, algo que es fruto de sus dirigentes monárquicos y políticos, todo hay que decirlo y reconocerlo, pues no hacerlo sería una injusta manera de conceptuar a ese país vecino. Pero me sigue asombrando la testarudez de Mohamed VI a la hora de no colaborar con los organismos internacionales en la resolución del problema del Sahara Occidental. El último informe elaborado por el emisario de la ONU para esa misión, Christopher Ross, vuelve a insistir en la cabezonería de Marruecos en su empeño por despreciar cualquier diálogo con el Frente Polisario con vistas a la celebración del referéndum de autodeterminación de esa zona abandonada a la buena de Dios por España en 1975.
La transacción de entonces entre la España agonizante de Franco y el Marruecos del Hassan II de la Marcha Verde fue una chapuza de la que ambos países aún no se han recuperado para fatalidad de los saharauis.
En ese sentido, siempre recuerdo el contundente dictamen de 16 de octubre de 1975 del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, donde se deja claro que ni Marruecos ni Mauritania podían invocar ninguna clase de soberanía sobre el antiguo Sahara español. Una tesis que con posterioridad han corroborado innumerables resoluciones de Naciones Unidas.
Contra toda esa jurisprudencia internacional, Marruecos mantiene una política de hechos consumados en cuanto a su anexión de esos territorios del sur, y, según el mismo emisario de la ONU en el informe citado, esa política de hechos consumados está llevando en los últimos tiempos a una vulneración de los derechos humanos de los activistas saharauis que luchan por sus derechos como pueblo independiente.
¿Tiene alguna opinión la diplomacia española de todo lo que sucede hoy en el Sahara Occidental? ¿Recuerda el Rey Juan Carlos sus promesas a las tropas españolas que esperaban en octubre de 1975 la embestida de la Marcha Verde?
Mutis por el foro. El gobierno socialista de Rodríguez Zapatero habla de «inmejorables" relaciones con el reino de Marruecos y con su clase dirigente. En los periódicos que leo esta misma semana, el ministro Rubalcaba, tras audiencias con su homólogo marroquí y con Mohamed VI, afirma que Marruecos "sigue siendo un aliado estratégico, creíble y responsable".
"¡Buenos mal!", como decíamos en el barrio cuando éramos chicos, que seguimos leyendo el mismo periódico y en él se nos termina por decir que las relaciones entre España y Marruecos han concluido tan "opacas" como empezaron, porque si no ya no sabríamos a qué atenernos en cuanto a las noticias tan contradictorias de las que somos víctimas.
Por eso, vuelvo a mi teoría sobre lo beneficiosas que han sido para la España de Rodríguez Zapatero y para el Marruecos de Mohamed VI las desavenencias de este agosto sobre la línea fronteriza melillense. Ambos gobiernos se han aliviado de lo mucho que sufren en su gestión interna.
En el caso concreto del gobierno de Rodríguez Zapatero, el asunto de Melilla ha servido para expulsar la tinta de calamar que entretenga a los ciudadanos mientras se aprueban en Consejo de Ministros medidas para reconducir algunas disposiciones del Estatuto de Cataluña declaradas inconstitucionales por el Tribunal correspondiente. Con lo que queda demostrado que Rodríguez Zapatero no sólo no cree en la Constitución vigente, tampoco cree en el Tribunal Constitucional, al que quiere saltarse poniendo a trabajar full time a su ministro de Justicia, el desabrido Francisco Caamaño (el nombre he tenido que consultarlo, no lo recordaba). Y todo ese esfuerzo sólo para granjearse la simpatía electoral del pueblo catalán y para reconciliarse con los socialistas catalanes, de los que tan necesitado está en la mermada aritmética del Congreso de los Diputados.
Si al encarar la crisis económica contemplamos sistemáticas incongruencias, como la última cointerpretada por la ministra Salgado y su colega José Blanco, con el sube los impuestos y baja los impuestos en la misma semana, al enfrentar la sentencia sobre el Estatut del Tribunal Constitucional de la manera como se ha enfrentado por el Ejecutivo de Zapatero se dan pasos sobre el futuro del Estado español del siglo XXI de consecuencias imprevisibles. ¿Se quedarán quietas las dieciséis comunidades autónomas españolas después de ver el trato de favor recibido por Cataluña en su estatus político con relación a España? ¿Tiene el gobierno de Zapatero la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados para sacar mediante leyes orgánicas lo que el Constitucional se negó a aprobar en su sentencia?
¿No creen ustedes que con estas dificultades en la gobernación interna de España una crisis fronteriza con Marruecos no es casi un desahogo?
Ni baja la presión de una economía española depauperada, ni baja la presión política procedente de Cataluña. Quizá por eso Zapatero se ha puesto a leer al novelista japonés Haruki Murakami, un maestro en el arte de combinar realidad y fantasía, lo que algunos llaman el realismo mágico oriental. La realidad económica, política y diplomática no está hoy para mirarla de frente. Mejor entreverarla con algunas dosis de imaginación evasiva. La literatura es un antídoto contra las desgracias de la vida, una manera de vivirla sin tanto dramatismo. Por lo menos en agosto, del que ya nos despedimos.