Nacionalismos periféricos

Autor: 
Juan Manuel García Ramos
Categorías: 
Artículos

Podemos llegar a pensar que el único partido político español interesado de verdad en resolver la crisis económica que se padece en todo el país es el PSOE, a pesar de sus fracasados intentos por combatirla?

¿Podemos llegar a pensar que el resto de las fuerzas políticas presentes en el Congreso de los Diputados instrumentalizan esa crisis económica en función de la rentabilidad electoral futura que acaso les depare?

Yo tengo mi respuesta personal a esos dos comprometidos interrogantes, pero les aseguro que mi callada contestación no hace sino aumentar mi escepticismo político, ya de por sí muy agudizado en los últimos tiempos.

El diálogo entre los partidos mayoritarios no existe. El ejemplo de la anterior legislatura alemana no es factible en un país donde resucitan un día sí y otro también los fantasmas de las dos Españas de 1936, ya sea en su mera versión política, o en sus otras modalidades sociales, judiciales, religiosas...

Como algunos teóricos mantienen, el concepto de diálogo ha guardado siempre relación con el deseo de ser oído, pero también de hablar seria, leal y francamente unos con otros. ¿Hablan el PSOE y el PP en estos momentos de la crisis económica que azota a la población con esa seriedad, con esa lealtad o esa franqueza esperadas? ¿Se vio ese comportamiento el pasado martes en el Congreso, o privó la carnavalada compartida de atraerse a las fuerzas minoritarias en beneficio de sus tesis contrapuestas? Es más: ¿hablan los socialistas del PSOE de la crisis consabida con seriedad, lealtad y franqueza entre ellos mismos? ¿No es inaceptable contemplar la guerra de optimismos y pesimismos sobre la economía española librada entre los miembros del Gobierno de Rodríguez Zapatero y dirigentes del mismo partido tan autorizados como Joaquín Almunia, Pedro Solbes o Jordi Sevilla?

Podemos llegar a pensar que el único partido político español interesado de verdad en resolver la crisis económica que se padece en todo el país es el PSOE, a pesar de sus fracasados intentos por combatirla?

¿Podemos llegar a pensar que el resto de las fuerzas políticas presentes en el Congreso de los Diputados instrumentalizan esa crisis económica en función de la rentabilidad electoral futura que acaso les depare?

Yo tengo mi respuesta personal a esos dos comprometidos interrogantes, pero les aseguro que mi callada contestación no hace sino aumentar mi escepticismo político, ya de por sí muy agudizado en los últimos tiempos.

El diálogo entre los partidos mayoritarios no existe. El ejemplo de la anterior legislatura alemana no es factible en un país donde resucitan un día sí y otro también los fantasmas de las dos Españas de 1936, ya sea en su mera versión política, o en sus otras modalidades sociales, judiciales, religiosas...

Como algunos teóricos mantienen, el concepto de diálogo ha guardado siempre relación con el deseo de ser oído, pero también de hablar seria, leal y francamente unos con otros. ¿Hablan el PSOE y el PP en estos momentos de la crisis económica que azota a la población con esa seriedad, con esa lealtad o esa franqueza esperadas? ¿Se vio ese comportamiento el pasado martes en el Congreso, o privó la carnavalada compartida de atraerse a las fuerzas minoritarias en beneficio de sus tesis contrapuestas? Es más: ¿hablan los socialistas del PSOE de la crisis consabida con seriedad, lealtad y franqueza entre ellos mismos? ¿No es inaceptable contemplar la guerra de optimismos y pesimismos sobre la economía española librada entre los miembros del Gobierno de Rodríguez Zapatero y dirigentes del mismo partido tan autorizados como Joaquín Almunia, Pedro Solbes o Jordi Sevilla?