Nacionalismo español

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos

HACÍA tiempo, quizás desde la época en que Franco convocaba a la gente en la plaza de Oriente o llegaba a esta o aquella provincia donde el sindicato vertical, alcaldes y gobernadores civiles de turno ponían camiones y guaguas a reventar adornados todos ellos con banderas españolas al viento para dar la bienvenida al caudillo, hasta ahora, una vez que la selección española de fútbol ha sido triunfadora en este campeonato del mundo no se había visto, al menos aquí en las Islas, tanta bandera española, tanto fervor patrio español, tanto entusiasmo de sentirse español y que, además por arte de ese nacionalismo español recalcitrante, hizo posible se borraran de un plumazo las angustias y penurias que ha ejercido el tijeretazo de Rodríguez Zapatero. Todos tan contentos y a vivir, que son dos días.

La selección española de fútbol ha triunfado, ha logrado lo que nunca en ese deporte que gusta y que se disfruta viendo cómo unos y otros juegan y cómo se desarrollan los encuentros y donde a veces sobresale más el pundonor que los regates en corto. El deporte es bueno para la salud, pero es mejor y más creíble el aficionado -si de fútbol hablamos- de categorías inferiores, donde la motivación es el deporte en sí mismo y no por los miles de millones de euros que derrochan los clubs poderosos. Pero eso hay que entenderlo así, como uno de los negocios más florecientes de la actualidad, cuando otros muchos caen y, además, tiene la particularidad de que adormece y desincentiva las políticas y pone a más de uno cuando todo va bien en ese ámbito como que no pasa nada y que la realidad, la cruda realidad, se ha diluido.

Pero lo que sorprende es que en esta tierra, donde muchos propugnamos un nacionalismo canario consolidado y que además no estamos en contra de ninguna bandera, cada cual que enarbole la que le plazca, sí que existe un nacionalismo español guardado, quietista que en un momento determinado es arrollador y manda.

Todos con el equipo de España, lo que nos parece bien, pero lo que nos confunde y desanima es cuando se enfrenta el Tenerife con Las Palmas y en esos encuentros nos matamos entre unos y otros; o cuando los "pensadores" que confeccionan las letras del carnaval muchas de ellas van también en esa dirección, en el enfrentamiento entre islas y en el cachondeo memo. Para el nacionalismo canario estas cuestiones no son ni buenas ni malas, allá cada uno con sus ideas y apetencias, pero sí que es de lamentar que esto suceda así.

Este fenómeno de efervescencia nacionalista español lo que nos hace pensar, una vez más, es lo difícil que resulta implantar y desarrollar una conciencia nacionalista canaria, y menos se entiende cuando teniendo, como tenemos, dispositivos para ello (y me detengo de momento sólo en la TV Autonómica) no se ponen en disposición para ejecutar un trabajo certero y adecuado, sino que permanecemos impávidos, a verlas venir, entonando cantos que ni nos vienen ni nos van y ver cómo otros se adelantan o pretenden adelantarse a los acontecimientos (pienso en lo que va a conseguir Cataluña) y a nosotros esos mismos acontecimientos nos atrapan y acogotan.

Nunca he visto en mi vida tanta bandera española junta, ni tantos cantos a España. No pretendo ir más allá con esta afirmación, pero desde una vertiente nacionalista sí tendremos que darnos cuenta de qué es lo que hacemos desde las políticas nacionalistas, si son acertadas o no, si tenemos al menos el conocimiento de que el trabajo que espera es arduo y que la conciencia nacional canaria no se construye o estimula de la noche a la mañana, y menos cuando está ocupada por las vicisitudes del equipo de España, donde las conversaciones, los deseos y las frustraciones van por ahí. Dicho esto, lo que podemos sacar en conclusión es que no sólo debemos permanecer instalados en la reflexión desde la distancia, sino que hay que trabajar mucho más y tener bien clarito que aquí no nos va a llegar nada dado. O lo perseguimos con ahínco y decisión o al final, como se suele decir, "aquí no hay nada que rascar".