Nacionalismo canario: una conversación inacabable

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos

HABLAMOS de nacionalismo un día sí y otro también. Nos empinamos sobre nuestros talones, sacamos pecho y miramos a los demás por encima del hombro, con lo que nos creemos que por eso somos mayores, que tenemos razones y marcamos diferencias, así como no se les quita de la cabeza a algunos que no se cansan en decir que son más puros e intelectualizados que otros a los que consideran atrapados en viejas historias quietistas y desesperantes.

Y no sucede ahora. No es novedad. Ha sido una constante en la historia de las ideas y de las naciones; y en Canarias en todo el transcurso desde que se funda en Cuba el Partido Nacionalista Canario hasta el brote nacionalista actual. Desde entonces unos se arrogan la legitimidad del nacionalismo canario más que otros, que piensan que apuntando a un objetivo que no es fácil de alcanzar ya están dando en la diana; que elucubrando metas creen que las tocan con las manos. Y que, teniendo los ojos bien abiertos, como dicen, no se dan cuenta de que confunden los sueños con las realidades.

El nacionalismo canario es una conversación que termina en unos y comienza o está a medio camino en otros. Es difícil llegar a ponerse todos de acuerdo, aún teniendo bien claro el camino a desandar. Por eso hay que estar en el intento de buscar el encuentro.

Y lo peor, lo que sucede de manera determinante, es que hay quienes se creen benefactores exclusivamente de esta ideología y no quieren saber nada y menos compartir con los demás. Y así, los que están en la otra orilla, los que respiran por todos los poros de su piel el aire de la estatalidad no saben cuánto se alegran de que eso sea así. Que los nacionalistas se rompan en mil pedazos, que se ahuyenten entre sí; que unos posean las verdades que dicen tener y a otros se les desvirtúen porque sí, sin razones, por celos o por melindreses, que lo que hacen es dificultar la llegada y partir de risa a los de la otra orilla.

El nacionalismo canario no debe seguir por ese camino, debe intentar la búsqueda entre sí y construir un único cuerpo y pensar con una sola cabeza para ir directamente y con el ritmo necesario a la búsqueda del tesoro más preciado al que puede aspirar un nacionalista de estas islas, que es la construcción de Canarias como nación. Pero todos. Todos los que decidan ser y piensen en nacionalista.

No se construirá la nación canaria con divergencias y contradicciones saliéndose fuera del camino o bordeando los linderos de aquello que se pretende.

Pensar en nacionalista tiene sus dificultades y, sobre todo, cuando cada uno tira por su lado. Unos con sus verdades y otros con las suyas. Sin darse cuenta, o dándose, de que el trayecto de esa manera se dificulta y enlentece porque unos son obstáculos para los otros. De ahí que debamos aunar voluntades y ponernos de acuerdo, sin creernos que unos son más gallitos que otros.

 Si no fuera así, nos podremos envalentonar y algunos pregonar que son poseedores de los esquemas y las soluciones y proyectarse hacia los horizontes que pretenden o sueñen. Pero por sí solos, emboscados unos de los otros, se quedará en eso, en un puro estado de ánimo inconsecuente y baldío. Y lo peor, en una pérdida de tiempo traducida en una conversación que no termina. Y mientras, eso sí, Canarias esperando.