Nacionalismo canario: de nuevo por la senda del desencuentro

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos
ANTES que nada, tengo que trasmitir, por supuesto desde mi opinión personal, la frustración que se siente ante retroceso tras retroceso en todo aquello que debería estar girando alrededor de la unificación nacionalista, y no como parece va en sentido contrario, dando la impresión como si los nacionalistas canarios estuviésemos estigmatizados por las malas artes de un aciago demiurgo que nos invita al desencuentro, al no entendimiento, a encapsularnos en una atomización impertérrita que no sólo conduce al desahucio político, al desasosiego permanente sino, lo peor, al fracaso electoral.
Pero, a pesar de todo y desde el resquicio voluntarista que le puede quedar a uno, persiste aún un cierto vestigio de esperanza que la situación, la esperpéntica y esquizoide situación del nacionalismo canario se pueda reconducir y seamos capaces de utilizar la inteligencia y audacia política para obtener en el tiempo, y no muy allá, tras la deseada y necesaria unificación, un partido nacionalista fuerte y único.
Ante lo que se está viendo, son muchos los interrogantes y cuestiones que deberían reflexionarse para dar respuestas lógicas. Si es que se pretende hacer y desarrollar la política en Canarias desde la vertiente nacionalista porque a nadie que esté dentro del ámbito de la coherencia nacionalista se le puede ocurrir empujar hacia la cuneta la bandera de las siete estrellas, como si quemara las manos y ver al otro, al que tiene al lado, como un extraño alejándose de él por mero individualismo o por resabios históricos, o por malos entendimientos o por no ir al meollo de la cuestión que origina que los que están en la otra orilla del camino, llámense PSOE y PP, se rían a mandíbula batiente mientras los nacionalistas estemos así, nadando en el mar de la ambigüedad y de la indefinición.
Si surge, como ha surgido, una cuestión conflictiva con un alcalde, el que sea, lo que siempre es una cuestión mínima y puntual, ¿es esto motivo, un motivo de alta categoría estratégica para mandar al traste el inicio de unas alentadoras conversaciones que se tenían con otras fuerzas nacionalistas? Si lo fundamental, lo que se pretendía, era ir por el camino de la unificación, ¿cómo se puede alterar este proceso de una cadena que se estaba trenzando para completarla con todos los eslabones necesarios que se rompa precisamente por el más débil y no se sea capaz de buscar soluciones a un problema importarte -no pongo en duda que sea-, pero de bajo calado político para enviar al traste lo que se pretendía? ¿Había o no voluntad política de ir por el camino de la unificación o todo se tradujo en un brindis al sol sin apenas decisión o como un rebote propagandístico sin más?
¿Cómo se puede entender que ese "nuevo nacionalismo" que preconiza el CCN sea capaz de ser, si así se lo cree, la fuerza relevante y reveladora, cuando cualquier propuesta nacionalista que se pretenda poner en rodaje, hoy por hoy, no podrá estar ajena y sin contar con CC, sino que tendrá que nuclearse a esa organización como fuerza política dominante dentro del espacio nacionalista? ¿Qué tendrá CC que hacer -y está en ello-, un reciclaje ideológico? Por supuesto. ¿Que tendrá que someterse a una profunda catarsis también de mandos y de líderes? Por supuesto. ¿Que tendrá que definirse con mayor contundencia y sin timorateces y ambages? Por supuesto.
Con la alianza con Nueva Canarias, dicen, lograrían 6 diputados en el Parlamento de Canarias, pero si así fuera, siendo muy generosos, ¿qué? Ese nuevo nacionalismo ¿qué opciones y qué papel tiene en el futuro de Canarias? ¿Hacia dónde llegaría? Si acaso llega sería al banco de la oposición. ¿Y para ese viaje estas alforjas? En Canarias, mientras exista la ley electoral vigente (no nos olvidemos de que fue Román el que le prometió, cuando era presidente del Gobierno, a Tomás Padrón que iba a reformarla, y ya ven lo que dice ahora Román), el Gobierno que se forme tras las elecciones del próximo mayo no tendrá mucha vuelta de hoja. O será el de CC-PNC (si es que llegamos a la firma de un pacto de gobernabilidad) con el PP o con el PSOE. O el PSOE más el PP. Que de darse esta última opción sería la puntilla del descalabro nacionalista.
Otra cuestión que habría de tenerse en cuenta es la credibilidad que se tendría ante el electorado por bamboleo constante de fuerzas que se titulan de una manera, más tarde nacionalistas y ahora más nacionalistas que entonces. En el nacionalismo está todo inventado y los objetivos perfectamente definidos. Ahí están los flamencos en Bélgica, que han triunfado y lo han hecho desde la unidad y desde la perseverancia con el objetivo de conseguir una confederación diferenciada o la independencia si fuera necesario. Su fuerza y presencia ha sido la unidad y la coherencia. Sin ella estarían aún viéndolas venir.
El nacionalismo canario no debe tener otro objetivo que no sea la construcción nacional de Canarias, y ese camino se desandaría si se obtuviesen en el Parlamento 31 diputados. Otra cuestión sería no sólo una pérdida de tiempo, sino una difuminación del objetivo y una frustración latente e inacabable. Creo que aún se puede estar a tiempo de la reconsideración de las cuestiones, pero si las posiciones estuviesen ya pactadas y definidas tan sólo cabría lamentarnos de la incapacidad para que nacionalismo sea sólo uno y seguir en el camino del desencuentro, que es la cantinela de todos los ciclos legislativos. Lo que ya cansaría y sería predicar en el vacío.
Hay que dejar atrás espejismos y entender de una vez por todas que por sí solo apenas se consigue algo y no nos creamos fuertes siendo débiles, o que somos gigantes cuando apenas levantamos los pies del suelo. Por separado, cada uno por su lado, se podrá lograr esta o aquella alcaldía. Separados se logrará este o aquel número de diputados, pero no los suficientes para gobernar Canarias desde una opción nacionalista. Entonces, si esto es así, ¿por qué no asumimos la realidad? ¿Qué nos impide poner todas nuestras capacidades en aras de esa unificación? ¿Por qué no se destierra ya de una vez ese empeño secular en montar los partidos y los compromisos desde la componenda personal de este o de aquel? ¿Por qué no son las organizaciones que deberían tener una perfecta coherencia ideológica las que discutan el futuro del nacionalismo canario y no sea el desencuentro lo que funcione?
El desencuentro sólo servirá para obtener unas migajas electorales o recurrir a los pactos con esta o aquella fuerza estatal para gobernar, lo que siempre mediatiza y desenfoca la política a seguir