Mezquino,cobarde,esbirro ...

Autor: 
Juan Manuel García Ramos
Categorías: 
Artículos
Durante una entrevista televisiva redifundida en un medio tinerfeño el pasado septiembre, se sorprendía el eurodiputado socialista Manuel Medina Ortega de las descalificaciones e insultos proferidos en el Parlamento de Canarias entre los distintos líderes de las fuerzas políticas allí representadas. Confesaba Medina Ortega que para él era impensable dirigirse a un colega adversario de la cámara comunitaria en los términos injuriosos tan frecuentes en los escaños autonómicos.
"En Europa usamos razones y argumentos para rebatir a nuestros oponentes", venía a decir. "Nunca palabras tan gruesas y desproporcionadas como aquí a la hora de enfrentar distintas posiciones".
Me rondaba estos días la reflexión y el asombro del sereno eurodiputado socialista cuando he tenido que leer, una vez más, unas declaraciones del secretario general del PSOE en Canarias, Juan Fernando López Aguilar, sobre algunos comportamientos de Paulino Rivero y de José Manuel Soria.
Al primero, al presidente del Gobierno de Canarias, lo llamaba "cobarde y mezquino" por haber participado en una entrevista concedida a la Televisión Autonómica y no haber estado a la altura de lo esperado en cuanto a defensa de todas las islas del Archipiélago por igual. El motivo daba lo mismo, se trata del vocabulario usado para reprobar a un rival político.
A Soria, al vicepresidente del Gobierno de Canarias, lo consideraba "un esbirro de ATI y alguien enredado en una maraña de pufos y escándalos", después de que el líder de los populares canarios obtuviera más del 94% del apoyo de los delegados del último congreso regional del PP.
No me he dedicado a contar el número total de epítetos fétidos aplicados por Juan Fernando López Aguilar a los líderes de las fuerzas que hoy conforman gobierno en Canarias, pero debe haber agotado el campo semántico del desprecio y de la ignominia.
La rabieta infantil por haber quedado desplazado de su posibilidad de presidir el Ejecutivo autónomo le dura ya demasiado a Juan Fernando López Aguilar, y la escalada de improperios contra sus rivales políticos avanza a medida que las cosas le van peor en el seno de su propia organización política, donde tampoco se ven libres de la lengua sucia de su jefe de filas.
En cuanto a la gracia de dirigirse a los militantes de Coalición Canaria como ATI-CC, sobre todo a los militantes de Gran Canaria, tampoco parece un gesto de respeto elemental hacia otra fuerza política legalmente constituida. Si se trata de ironizar con maldad, también podrían sus adversarios hablar de GAL-PSOE y quedarse tan tranquilos, pero creo que esas salidas de tono no enriquecen el debate político en una democracia saludable, como la que necesitamos en Canarias para seguir avanzando en objetivos ajenos a estos rifirrafes entre algunos dirigentes livianos de boca.
Tal vez todos debiéramos aprender de veteranos de la vida pública, como el citado Manuel Medina Ortega, o del mismo Jerónimo Saavedra, que a lo largo de sus muchos años de actividad ha dictado siempre cátedra de exquisita cortesía política. En este sentido, cuánto se echan de menos personalidades del socialismo canario como Antonio Carballo Cotanda o Alberto de Armas.
No voy a entrar ni a salir en la valoración de la tan traída y llevada Declaración Institucional del Parlamento de Canarias del 24 de septiembre del año en curso contra los editoriales del periódico El Día, aunque en ese asunto se vuelve imprescindible la lectura del comunicado remitido al efecto por la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife, no sospechosa de parcialidad alguna. Lo que sí parece algo chocante es que la cámara regional amoneste con tanta severidad a un medio de comunicación privado por sus posibles desafueros y sea incapaz de poner freno al estilo de bandolerismo político del que a veces hacen gala algunas de sus señorías a la hora de referirse a sus mismos colegas, aunque el citado Juan Fernando López Aguilar ya no se siente en Teobaldo Power sino en la Carrera de San Jerónimo. Cuando lo hacía en la calle de la capital tinerfeña el diapasón de sus anatemas no registraba menor intensidad.
Tanta saña de algunos socialistas contra el presidente y el vicepresidente del Gobierno de Canarias y ni una palabra más alta que la otra para referirse al problema de la inmigración sahariana y subsahariana -competencia estatal- y sus secuelas de cadáveres en el Atlántico cercano y lejano, ni una palabra sobre la política del Estado para menores inmigrantes no acompañados, a punto del hacinamiento en nuestros centros de acogida. Ni una palabra sobre la deuda sanitaria ya histórica del Estado con Canarias, ni una palabra sobre el trato deparado por el señor Solbes a Canarias en los Presupuestos del 2009, donde aparecemos como la comunidad más perjudicada de las diecisiete del Estado. Ni una palabra sobre los pactos del PSOE con tránsfugas en Fuerteventura y La Gomera. Ni una palabra sobre lo que está sucediendo en el Sahara ocupado ilegalmente por Marruecos. En fin.
Ni una cátedra universitaria ni el dominio de algunos idiomas garantizan que una persona sea culta en el sentido más inmenso de esa palabra. Como decía un viejo teórico de principios del siglo XX que no hace falta citar, culto es aquel a quien no se le nota que ha estudiado si ha estudiado; o al que no se le nota que no ha estudiado si no ha estudiado. Ser un hombre culto o una mujer culta es saber ir por la vida con algo de elegancia de trato.
Juan Fernando López Aguilar ha tercermundizado el debate político en Canarias fuera y dentro de su partido, si no que se lo pregunten al señor Romero Pi, al señor Hernández Spínola o al mismo Jerónimo Saavedra. López Aguilar ha desembarcado en la política insular usando en la última campaña electoral de los comicios autonómicos su condición de ex ministro de Justicia y con guiños indisimulables a otros poderes del Estado en Canarias, que algún día conoceremos a fondo. La memoria histórica seguirá vigente para entonces, aunque algunos de sus indirectos colaboradores ya hayan empezado a tirar de la manta. Y si me lo preguntan digo a quién me refiero, pues sus declaraciones al respecto están en un medio de comunicación muy conocido.
En cualquiera de los casos, y al margen de la historia que está por escribir sobre algunas conductas del más abyecto coloniaje, sería conveniente que en un momento de crisis económica y anímica, tan extendida entre nuestra población, los dirigentes políticos abandonaran el navajeo verbal y aparecieran ante la ciudadanía como aliados -al menos circunstanciales- para ayudarnos a atravesar este Rubicón de créditos subprime, de recalentamientos del euríbor, de paro dramático de muchas familias y de desconfianza generalizada. Dejen los "mezquinos", los "cobardes" y los "esbirros" para mejor ocasión verdulera y pónganse a pensar en el interés general de los dos millones de personas que siguen ilusionadas con permanecer en Canarias trabajando y disfrutando de nuestro ventajoso destino en el Atlántico.