Me llamó la atención (de la visita de R. Zapatero)

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos

QUE TODO aquello que se traía en la chistera por parte del presidente del gobierno se haya quedado otra vez mecido en las ramas quebradizas de la incertidumbre. La gestualidad que se había desplegado con anterioridad amparada en una retórica que ya cansa se diluyó como un azucarillo den un cortado y se nos quedó más que en la cantidad de las nueces en el ruido que produjo. Y de aquello sobre lo que se habló quedará pendiente para octubre y, a partir de ahí, se nos dirá que hay que desarrollar y desatrancar el papeleo necesario para poner a punto las exigencias que ya veremos si serán o no meras intenciones.

Tengo que decir que, una vez más, me llamó la atención la poca atención que por parte del gobierno de España se tiene con las islas, a pesar que se diga que las reuniones tenidas con el presidente Rivero se hayan prodigado más que nunca. Las palabras, en la reunión de marras, seguramente fueron las justas, las que había que pronunciar en momentos como éste, plenas de institucionalidad. Pero si eso es así, será el eco de las mismas, el retumbo, el ruido de lo que se quiso decir y no se pudo lo que quedará en el ánimo del hombre de la calle, que pregunta perplejo qué fue lo que se sacó de la conversación, que si a él le llegará algo de lo que allí se dijo; si será o no posible, o por el contrario es la traducción de una engañifa más y a la espera, por lo tanto, de un futuro que no comienza a fabricarse.

Me llamó la atención, también, el engolamiento de los que se escudan en banderías ajenas y que promulgan a los cuatro vientos la buenaventura traída a esta tierra por R. Zapatero y su séquito, no cansándose de decir el esfuerzo que hacen los de afuera por esta tierra, porque los de aquí permanecen sin enterarse, en babia y durmiéndose en los laureles. Y lo hacen, y es lo que cabrea, sin adoptar ningún tipo de autocrítica, empavonados e instalados en la retórica de los mismos enunciados y engalanando sus palabras con las debilidades de argumentos falaces e impertinentes.

Así como se produjo cierto estupor y me llamó la atención que el discurso no cambie, que las posiciones continúen hieráticas, irreductibles, como si lo que tuviera interés fuera lo que se dice y pregona impulsado por un personalismo a ultranza de aquellos que continúan erre que erre creyéndose los reyes del mambo, sumando lealtades por el método de "cuidado qué es lo que haces y dices" porque si no es así, los demócratas de toda la vida le indicarán el camino del desahucio político que le espera.

 En fin, me llamó la atención que la política que desarrollan aquellos que se empeñan en decir que son los mejores, los más dotados intelectualmente y que se cachondean del resto continúen adocenados, apoltronados en argumentos que cansan y sacuden no las modorras, sino poniendo en evidencia la mezquindad de un tiempo perdido atrapado en zarandajas y estolideces inconsistentes.