Marruecos, el petróleo y Canarias

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos
Marruecos ha firmado un acuerdo con la empresa irlandesa San Leon Energy por el cual le otorga la propiedad temporal de una franja territorial de 6.000 kilómetros cuadrados alrededor de Tarfaya para que explote y extraiga material bituminoso. Con este acuerdo, lo que está claro, aunque no para los firmantes, es que parte de esa franja pertenece al Sahara Occidental, actualmente en litigio político-administrativo, pendiente aún por la ONU de buscar una adecuada solución entre Marruecos y los representantes del pueblo saharaui.

Está visto que en una tierra que aún está por dilucidar cuál va ser su destino político, que ha sido arrebatada a un pueblo, no les importa nada a las autoridades marroquíes actuar por libre y ejercer un derecho que no se le reconoce; y lo hace desde la prepotencia amparada por el silencio no sólo ya de la ONU, que es una posición tibia, sino también desde la misma Europa, desconectada políticamente, dado que la empresa que va a poner en funcionamiento esta tarea pertenece a su ámbito territorial y de toma de decisiones.

Es sabido que el petróleo siempre ha sido origen de conflictos, las más de las veces cruentos; no nos olvidemos de la guerra de Irak. La duda que nos asalta es, si una vez vistas las ínfulas marroquíes de intervenir o de arrendar a extraños un territorio que no le pertenece, haga lo mismo cuando, en los aledaños o dentro de su plataforma marina, Canarias también entre en el mismo escenario, en idéntico compromiso de unas aguas no deslindadas donde los silencios y las confusiones son un galimatías más que sospechoso.

Se calcula que para el año 2010 el proyecto estará perfectamente planificado y presto a realizarse una vez que esté depositada allí la maquinaria necesaria para este tipo de trabajo. Este puede ser un ejemplo de cómo se las gasta nuestro vecino y cómo en momentos determinados, por políticas de acercamiento, concretamente con EEUU, de los que son amigos preferenciales, las cuestiones se oculten, se mire para otro lado y lo que no le pertenece se arrebate, sin tener en cuenta resoluciones, estudios y posibles acuerdos.

Por el camino de la violencia político-administrativa se logran muchas cosas, algunas por miedo y otras por no hablar claro y estar a expensas de oscuros negocios de los que no tiene ni idea el común de los mortales sino cuando se presentan delante de las narices por el olor nauseabundo que desprenden.

Es de desear que esto se circunde a los alrededores de Tarfaya y que los representantes del pueblo saharaui tomen buena nota de ello y exijan, una y otra vez, allí donde sea posible, qué se les reintegre lo que les pertenece. La duda, siempre la duda, estará, y qué pasará si esas pretensiones alauitas siguen avante y se presentan en las costas de Lanzarote y Fuerteventura.