La custodia del territorio

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos

Así, a primera vista, parece difícil la custodia de un territorio, y ante esa supuesta e hipotética dificultad de manera tácita, y hasta ahora, se ha decidido que sean los ayuntamientos los únicos que tengan la respuesta y el qué hacer con un determinado espacio.

 

La custodia del territorio es un conjunto de estrategias e instrumentos que pretenden establecer acuerdos y vías de colaboración entre los diferentes agentes públicos y privados con el objetivo de conservar los valores naturales, culturales y paisajísticos, así como promover el uso responsable de sus recursos.

Esta custodia no será nunca determinante y menos aun eficaz si está ajena a la intervención de la sociedad civil organizada y únicamente logrará su funcionamiento si se tienen en cuenta algunas cuestiones.

Son los vecinos, la sociedad civil como principal usuaria del territorio e interesada en la conservación del mismo, el núcleo donde deben surgir las iniciativas que tiendan a preservar el espacio. A los vecinos que se vean sometidos a cualquier tipo de modificación que influya de manera tajante e intervenga desdibujando los valores culturales y paisajísticos de la zona, si así fuera, habrá que ofrecerles alternativas para que el "todo" de un municipio concreto no se resquebraje, por lo que hay que ponderar acertadamente los desequilibrios que se puedan ocasionar valorando con operatividad e inteligencia territorial lo que está dentro de lo posible e imposible como descalabro amenazante

Y no es que haya que dejar fuera de la unicidad en la acción a los ayuntamientos en la protección de los espacios y custodia de los mismos, pero, los ayuntamientos, actuando por sí solos, restarían apoyo a decisiones que se vayan a tomar y confrontarían a parte de la población con el poder público, que en definitiva está para velar por la armonía y respeto a las singularidades e idiosincrasia del municipio.

Cuando se ponen en funcionamiento prácticas que van en contra de no asumir que la custodia del territorio pertenece en gran parte a los vecinos, las cosas no salen todo lo bien que se pretende. Así, cualquier planificación desviada de una participación "anterior", con tiempo y plenamente debatida por todos los actores saldrá renqueante y molesta, y tendrá sus días contados simplemente porque el desajuste que se instaura inclinara la balanza hacia nuevas revisiones del planeamiento que por fin deje las cosas en su sitio.

 La custodia del territorio hay que tomarla desde los poderes públicos como una opción más participativa y hasta elegante, rompiendo viejos moldes y adaptándose a los tiempos que corren y que en las decisiones importantes, como puede ser la del planeamiento, estén presentes todos los implicados. El territorio, así tratado, desde el consenso, tendrá una custodia permanente entre todos y será definitivo. Y al final se conseguirá el objetivo, que no debe ser otro que el logro de una plena satisfacción y armonía.