La cuestión canaria

Autor: 
Juan Manuel García Ramos
Categorías: 
Artículos

Hace unas semanas, al referirme al nacionalismo españolista radical que se asienta en Canarias desde hace siglos y frena y combate desde muchos frentes el nacimiento de cualquier articulación del nacionalismo canario como fórmula política, aludí también a lo que fueron los últimos decenios del siglo XIX y los primeros del siglo XX para los movimientos nacionalistas y autonomistas de nuestras islas, tanto dentro de ellas como fuera.

Dentro y fuera desarrollaron su labor hombres como Secundino Delgado, José Esteban Guerra Zerpa, José Cabrera Díaz, Luis Felipe Gómez Wangüemert; dentro trabajaron intelectuales como Manuel Ossuna van den Heede y algunos otros que fueron los responsables de que en 1907 se colocara la primera bandera autonomista en el asta del Ateneo de La Laguna como protesta por el trato colonial y despectivo que recibía Canarias por parte del Estado español, trato colonial, decía yo entonces, del que el mismo Benito Pérez Galdós se había hecho eco en carta a Fernando de León y Castillo.

No conservamos esa carta de Benito Pérez Galdós, pero sí conservamos y hemos podido leer con detenimiento la respuesta de Fernando de León y Castillo al insigne escritor.

Esa misiva lleva el rótulo de la Embajada de España en París y está fechada el 28 de enero de 1902, y dice así: "Mi querido Don Benito, dices verdades como puños a propósito de Canarias. Cuanto tú me dices me lo tengo yo tragado. El relevo de Don Ignacio de la Capitanía General de aquellas islas ha sido un inmenso error. Tu hermano era allí una garantía de concordia y acierto. Supones bien al suponer que yo he de tratar a fondo la Cuestión de Canarias. Tú y yo tenemos ese deber como españoles y como canarios. Ferreras puede, si quiere, ayudarnos mucho con su influencia cerca de Sagasta y con la autoridad que tiene El Correo. Cuando nos veamos hablaremos de todo esto y tiraremos las primeras líneas de la campaña que indudablemente tendremos que hacer. Mucho me alegraré de verte pronto por aquí, según me anuncias en tu carta. La Reina Isabel me ha preguntado dos o tres veces cuándo vuelves. Mi familia te envía sus cariñosos recuerdos y yo me repito siempre tuyo buen amigo y paisano criollo. F. de León y Castillo".

Esa caligrafía picuda y diáfana de Fernando de León y Castillo, deja claras algunas cosas. A principios de siglo XX había una Cuestión Canaria puesta sobre la mesa de discusión compartida entre el Archipiélago y el Estado español.

La administración colonial estaba cometiendo demasiados errores con Canarias y hombres influyentes en la Corte, como Pérez Galdós, como León y Castillo, se situaban al lado de las islas frente al poder metropolitano. Ambos se plantean hasta iniciar una campaña en defensa de los intereses de su archipiélago atlántico. Por otra parte, es muy significativa la despedida de la carta de Fernando de León y Castillo, cuando trata a Pérez Galdós de amigo y paisano criollo.

El criollismo era todo un movimiento de conciencia social y política surgido en la América hispánica desde el siglo XVII, fortalecido a lo largo de todo el siglo XVIII y responsable de los procesos de emancipación de las colonias del otro lado del Atlántico.

Cuando Fernando de León y Castillo se reconoce como un paisano criollo ante su amigo Pérez Galdós sabe de lo que está hablando. También en las Islas Canarias empezaba a percibirse ese trato discriminatorio a todos los nacidos en ellas a favor de los funcionarios llegados desde la Península. Aunque Fernando de León y Castillo y Benito Pérez Galdós no eran dos desheredados, como bien pudieron serlo Secundino Delgado o José Cabrera Díaz, u otros dirigentes independentistas de entonces.

León y Castillo y Pérez Galdós eran la burguesía privilegiada de la época, la que realmente pudo llevar a cabo una reivindicación política, económica y social como la exigida por la Canarias de ese final de siglo XIX y principios del siglo XX. En ésas estaban también, como ya dijimos, personalidades como Manuel Ossuna o el mismo Benito Pérez Armas, pero no dieron más de sí. También hemos sabido ahora que otros prohombres de Tenerife, como Patricio Estévanez, estuvieron muy vinculados a aquellos otros paisanos suyos que decidieron radicalizar su lucha nacionalista, como es el caso del mismo Secundino Delgado.

Durante muchos años habíamos pensado que la obra principal de Secundino Delgado, su autobiografía ¡Vacaguaré! (Vía-Crucis), había sido publicada entre los años 1906 y 1907 en una misteriosa Imprenta La Humanidad de la ciudad de Mérida, capital del estado mexicano de Yucatán. Sus biógrafos han venido repitiendo esos datos y esas localizaciones con una tan grande como extraña unanimidad.

Agradezco a mi colega universitario Manuel de Paz el envío de un artículo que no sólo echa por tierra la filiación bibliográfica de ¡Vacaguaré! (Vía-Crucis), sino que abre interesantísimas pistas para darnos cuenta de hasta qué punto Secundino Delgado no estaba sólo en la defensa de su causa.

Manuel de Paz, en un texto aparecido en el año 2000, en la revista mexicana Tzintzun, con el título de Identidades lejanas. El proyecto nacionalista canario en América (1895-1933), nos descubre que la autobiografía de Secundino Delgado, la citada ¡Vacaguaré!, habría sido editada en Santa Cruz de Tenerife y bajo la supervisión de Patricio Estévanez Murphy, tal y como el profesor De Paz deduce de una carta enviada por el propio Secundino Delgado a Patricio Estévanez desde Montevideo y fechada el 15 de enero de 1910. En esa carta Secundino le comenta a su destinatario cuestiones relacionadas con la impresión y cuidado del original, le agradece sus recomendaciones para que lo publicara y lamenta su posterior secuestro por parte de un tal Juan Delgado.

Con esa carta, que se halla custodiada en un archivo particular de Santa Cruz de Tenerife, no solo se desmiente la edición mexicana de ¡Vacaguaré! (Vía-Crucis), también nos enteramos de la complicidad mantenida entre Secundino Delgado y Patricio Estévanez en la defensa de la causa nacionalista canaria. Ya el hermano de Patricio había dispensado a Secundino, durante el encierro de éste en la cárcel Modelo de Madrid, un trato de alta consideración, y siempre creímos que Nicolás Estévanez tenía algo más que simple simpatía por las ideas defendidas por Secundino. Ya un 27 de noviembre de 1871, ese Nicolás Estévanez, entonces capitán del ejército español que combatía a los independentistas cubanos, no ocultó su desacuerdo con el fusilamiento de ocho inocentes estudiantes inmolados ese día por los voluntarios españoles y dejó para siempre su carrera militar.

Las vinculaciones entre los Estévanez y Secundino están todavía por investigar a fondo. Pero ni unos ni otro eran ajenos a la Cuestión Canaria de la que hablaban más tarde León y Castillo y Pérez Galdós. La historia no hace sino dar vueltas sobre los mismos asuntos aunque aún nos quede mucho por deshilvanar de esa madeja de acontecimientos contados hasta hoy a medias.