El nacionalismo español, un obstáculo para los "otros"

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos

CUANDO los pueblos no avanzan en sus políticas propias (y hablamos de aquellos que actualmente están integrados en el Estado español, como Canarias), se debe al gran obstáculo del nacionalismo español, sobre el cual se habla poco, como si no existiera o estuviera ausente. Pero la evidencia pone de manifiesto que a pesar de que se diga que el Estado español es tan descentralizado como el que más, tiene en funcionamiento unas trabas o consignas establecidas en un marco jurídico-administrativo-político que nos hace pensar todo lo contrario. O sea, que por encima de todos los nacionalismos y operando como controlador está el nacionalismo de Estado español.

Para los nacionalistas españoles, los nacionalistas no son ellos, son los "otros", ya que creen que el nacionalismo español desapareció tras la dictadura franquista; y no. A pesar de que desde el poder central, el Estado, se niegue que se transita por la vía de un nacionalismo español, a éste jamás le ha dado la espalda y ha cantado insistentemente sus esencialismos históricos que sugieren que España es una realidad heredada, y que los que corretean por su territorio se deben a la obediencia de esa herencia sin más, sin cuestionarla, aceptándola porque sí. Y no sólo eso, sino que esa realidad que se llama España es intocable, y plasmada en toda su extensión en un solo pueblo español, único titular de su soberanía.

Sin embargo, hay que decir que el establecimiento y fortaleza, aunque soterrada, del nacionalismo español en estos últimos tiempos ha venido acrecentándose, paradójicamente, por la fuerza que va obteniendo el resto de los nacionalismos, los que con sus exigencias identitarias y nacionales ponen en brete enojando al nacionalismo español. Por eso, éste recurre al invento, a la tradición, a una historia tergiversada y que hay que aceptar, como inmutable, como si fuera una foto fija a la que se pueda adornar con ciertas atribuciones, vamos a llamarlas estatutarias, que no dejan de ser muchas veces una cabriola en el aire cuyas riendas, en vías de desboque, sean cogidas por la manos del nacionalismo español.

La defensa de patrones descentralizadores, quizás hasta federalizantes, en realidad no cancela en modo alguno la presencia tajante del nacionalismo español, que sí acepta al resto, a los "otros". Lo hace desde un punto de vista integrador, sin poner en tela de juicio la unicidad del Estado, de la Nación española.

Y todas esas garantías se hallan amparadas en la Constitución actual de 1978, sin darse cuenta de que hace la número siete y que no es un texto inamovible, imperecedero y que ya está arrugada, llena de cicatrices, por lo que tendrá que adaptarse a los tiempos, porque si no fuera así los tiempos terminarán con ella como ha sucedido con las anteriores.

El nacionalismo español se enfrenta, es una constante, a los "otros", a los que muchas veces les corta el resuello, no deja respirar y a los que enjuicia como malévolos, descarriados, portadores de demandas absurdas, de ser pedigüeños y cuando no, intolerantes y excluyentes.

Y si sobre los otros nacionalismos, y más sobre el canario, continuamos sin ponernos de acuerdo en metas, objetivos y en ritmos, no es así en el español, que lleva muchos años de ventaja. El nacionalismo español después de las Cortes de Cádiz de 1812 ya organiza su espacio político-jurídico-administrativo con proyección en el tiempo, desde el resabio histórico del decreto de "Nueva Planta" refrendado por el primer Borbón, un francés, Felipe V, nieto del Rey Sol, Luis XIV, que consiste en "reducir todos mis reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos , costumbres y tribunales gobernándose igualmente todos por la leyes de Castilla, tan loables y plausibles en todo el universo".

 Bajo ese condicionante se sitúa el estigma del nacionalismo español que sigue funcionando como determinante, sin objeciones y que no admite refutaciones y es incuestionable. Desde este posicionamiento, el nacionalismo español en la actualidad se encuentra militando de manera mayoritaria en el PP y el PSOE, anteriormente éste autodeterminista y hoy, ya ven, inmerso en una historia que no pretende modificar.

Y desde el "bloque constitucionalista" se erigen, como si fueran los buenos, los vigías y así cuando alguien ha intentado mover la historia pasada o actual adoptan posiciones aún más beligerantes que los que exigen lo que les pertenece. Precisamente, por esa misma historia ellos tapujean y tergiversan con su irradiaciones en leyes tanto educativas, económicas como políticas, en aras de tener desde su nacionalismo de estado todo perfectamente controlado para que nadie se desvíe de los linderos previamente señalados por ellos, sin el concurso, por supuesto, de los "otros".

 De esa manera operan como si fueran un verdadero obstáculo que impide que se desarrolle el espacio convivencial donde ellos y los "otros" discutan ni más ni menos que como iguales.