Canarias como nación

Autor: 
Juan Jesús Ayala
Categorías: 
Artículos
CANARIAS COMO NACION
LOS QUE NOS MOVEMOS dentro del espacio de la reflexión, acertada o no, y que desde él empujamos parte de nuestro empeño hacia el nacionalismo canario, nos encontramos las más de las veces maniatados, con avances poco estimulantes, lo que no evita, por supuesto, que sigamos por nuestro camino.
¿Y cuál es, o debe ser, la hoja de ruta de cualquier nacionalista que se precie de serlo? No puede ser otra que la que nos dirija a que Canarias se constituya en nación, ahora o cuando sea.
Esta cuestión, que es la meta de cualquier nacionalista, la hemos venido machacando, quizás con cierta impertinencia, una y otra vez, y una y otra vez percibimos cómo se nos escapa de las manos, como si a su alrededor circularan aciagos demiurgos que dificultaran el proceso.
LOS QUE NOS MOVEMOS dentro del espacio de la reflexión, acertada o no, y que desde él empujamos parte de nuestro empeño hacia el nacionalismo canario, nos encontramos las más de las veces maniatados, con avances poco estimulantes, lo que no evita, por supuesto, que sigamos por nuestro camino.
¿Y cuál es, o debe ser, la hoja de ruta de cualquier nacionalista que se precie de serlo? No puede ser otra que la que nos dirija a que Canarias se constituya en nación, ahora o cuando sea.
Esta cuestión, que es la meta de cualquier nacionalista, la hemos venido machacando, quizás con cierta impertinencia, una y otra vez, y una y otra vez percibimos cómo se nos escapa de las manos, como si a su alrededor circularan aciagos demiurgos que dificultaran el proceso.
¿Seremos los nacionalistas, tal vez, los causantes del despropósito al estar unos en el camino y otros totalmente desnortados y confusos? ¿O serán los contranacionalistas, que teniendo una fuerza propagandística superior tergiversan las cuestiones sombreándolas, haciendo que la oscuridad domine más que la claridad?
Canarias para los nacionalistas es una nación. En eso estamos de acuerdo. Es lo que decimos todos los días aquí y allí, y parece que con esto nos sintamos tranquilos. Como si al manifestarlo se parara todo, como si en la palabra y en ese deseo vehemente se diluyera la intranquilidad viéndose con nitidez que es así.
Pero la realidad, la dichosa realidad, lleva años, siglos diría yo, escabulléndose, emboscada, que cuanto más intentamos atraparla más se desliza, se nos pone en contra.
Y por ello tenemos que teorizar, no hay otra alternativa si es que queremos caminar con paso firme por la senda del nacionalismo consecuente. Aclarando y discutiendo sobre lo que debe considerarse nación. Lo que es una constante en el devaneo mental de unos y de otros; y sobre lo que se observa la cantidad de desatinos que se vierten sobre esta cuestión, nada fácil de precisar y definir. No me olvido de Walter Bagelot, que presentó la historia del siglo XIX como la de la construcción de las naciones llegando a comentar: "Sabemos lo que es cuando me lo preguntan, pero no podemos definirlo y explicarlo muy rápidamente".
Los estudiosos del nacionalismo -y por citar algunos ahí están Gellner, Sebrelly, Andersosn, Koudure, Herder, Renam, Gimbertant, Caminal- han llegado a una conclusión que debe ser tenida en cuenta como determinante: no es la etnia ni la lengua lo que define a una nación. Es algo más. Así, por ejemplo, en Francia, cuando se establece como nación, sólo el 12 por ciento de sus habitantes hablan francés, así como Suiza que es una nación donde prevalece la plurietnicidad.
¿Entonces, ¿qué es lo relevante, lo que da enjundia y personalidad al concepto? ¿Cuál es la base fundamental? ¿Es la geografía, los linderos territoriales? Estos no son suficientes para determinar si el territorio donde se vive sea o no una nación.
Es la cultura lo que hace que los que pueblan un territorio se constituyan en grupo, se vean como iguales y con el decidido empeño de buscar, de verificar, y desde la diferencia exigir lo que le corresponde, lo que es suyo. Compartir una misma cultura es lo que une, lo que hace que la meta sea común, lo que da fuerza a la ideología nacionalista.
Al compartir una misma cultura, se siente uno ligado a un territorio, a un pasado concreto y, sobre todo, a partir de ahí se puede construir un proyecto de futuro, que todos ya introyectan dentro de sí reivindicando de manera incesante el derecho de poder gobernarse por sí mismos.
Fuera de ahí, por supuesto, se puede teorizar sobre todo enarbolando conceptos y situaciones geográficas; si Canarias está cerca de la Península Ibérica o por el contrario al lado de África. Todo eso puede parecernos hasta bien, según lo digan unos u otros. Pero la geografía no identifica por sí sola, en buena parte es retórica. Es atávica. No marca.
Lo que identifica, lo que hace pueblo es que la cultura de ese pueblo se haga extensiva a todos y así se podrá decidir qué es lo que habrá que hacer.
Y decidir por sí, compaginar, negociar con fuerza sólo se hará cuando se tenga asumido por la mayoría qué es lo que se pretende con las Islas. Para los nacionalistas esto debe estar claro: que Canarias sea una nación.
Sin embargo, esto no es tarea nada fácil, y más cuando existen entre islas cercos, barreras que dificultan que Canarias sea, al fin, una sola isla. Pero aún así habrá que seguir por ese camino plagado de dificultades, ya que dentro de los mismos nacionalistas existen divergencias, confusionismo y hasta diferentes intereses y demasiados ombliguismos, lo que es fatal. Y desde fuera lo que se respira es un desmedido empeño por romper la intención, por sofronizarnos para que permanezcamos como extraños unos de los otros, que es aun peor. Por decirlo de otra manera: que los que dificultan la construcción nacional de Canarias están tanto dentro de casa como fuera de ella.
De ahí que Canarias como nación sea la meta pero el recorrido hacia ese objetivo está perfectamente claro que no es un sendero sembrado de rosas.
D.Juan Jesus Ayala